MAESTRO ARNAU SARRÀ SOLER
   
  Maestro Arnau Sarrą Soler
  La Historia del Cordelero y El SHEIK
 

 

INFINITAS BENDICIONES

 
Bueno y como es nuestra tradición y como Hoy es Jueves

y pronto será de noche....


¿Quieres repetir la historia de Mushkil Gusha, del Disipador de Todas las Dificultades. los jueves por la noche compartiendo una comida, dando algo a algún necesitado cualquiera sea su necesidad y ayudar así al trabajo de Mushkil Gusha?, si deseas hacerlo cuenta esta historia hoy entre tus amigos, por la noche.

Que todas vuestras Dificultades sean Disipadas, en el nombre de Mushkil Gusha y que Dios bendiga e ilumine vuestras vidas.

Infinitas Bendiciones
Y que Dios ilumine vuestras vidas en cada respiración
Arnau Sarrà
Rabí Binah
Mushkil Gusha
Al Zahir - Al Sheik
Guru Ji
 
Mushkil Gusha

Una más de sus historias

LA HISTORIA DEL CORDELERO Y EL SHEIK

Había una vez un pobre cordelero que vivía con sus hijos y su mujer en la ciudad de Bagdad. Una tarde llegó a su negocio un rico Sheik que era un conversador refinado con un amigo que era un buen oyente.

Mientras compraba un pedazo de soga, el rico Sheik dijo a su amigo: --Tú sabes que lo que estaba diciendo antes es verdad. La gente hace su modo de vida porque ciertas chances se topan con el Destino, o alguna ganancia financiera u oportunidad cambian el curso de los acontecimientos totalmente.

--Explícate mejor-. Dijo el segundo Sheik--, soy todo oídos.

--Toma a este pobre hombre que hace cuerdas, ahora –dijo el primer Sheik--. Si él tuviera suficiente dinero, podría emplear a otros para hacer las sogas para él. Su familia estaría adecuadamente alimentada y su vida podría ser mucho más feliz.

--No pude sino oír lo que Vuestra Honorabilidad estaba diciendo —dijo el soguero--. Estoy de acuerdo en todo lo que ha dicho, por lo que, perdóneme si le pregunto ¿cómo haría para obtener tal suma de dinero como necesitaría para poder hacer que otros trabajan por mí?

--Dios ha sido bueno conmigo—dijo el primer Sheik--, yo he sido capaz de reunir una gran cantidad de oro el que no me beneficia en absoluto, puesto que, el hombre sólo tiene un estómago y puede comer sólo una comida por vez. Por lo que, donde sea que veo una necesidad trato de aliviarla y si puedo ayudar con ese dinero que requieres para convertirte en un exitoso empleador de sogueros, entonces permíteme hacerlo.

El cordelero a duras penas podía creer lo que oía y le rogó al Sheik que repitiera sus palabras

Oyéndolo por segunda vez, el soguero comenzó a estimar cuánto dinero necesitaría si iba a agrandar su negocio.

Cuando mencionó la suma, el Sheik tomó de un bolsillo interno una bolsa de monedas de oro la que tenía una cantidad total como la requerida.

--Gracias, mil veces gracias –lloró el cordelero--, te prometo, generoso Sheik, que haré lo correcto y próspero. Tu gentileza no será desapercibida por el Ángel que anota las buenas acciones y...

--Paz -.-dijo el Sheik--, no digas más; nosotros volveremos dentro de unos meses para ver cómo la Fortuna te ha tratado.

Entonces los dos Sheikhs se fueron.

El soguero cuyo nombre era Nurudin, se preguntó dónde podría esconder el dinero, para que no se lo robaran, puesto que sabía que en su pequeño negocio tal cantidad de dinero sería visto por cualquier pillo que entrara durante la noche. Por lo que, lo puso en una jarra que contenía harina y cubrió las monedas con más cantidad de harina.

Sin decirle nada a su mujer, se fue a un café pensando en su grande y buena fortuna.

--Emplearé a cuatro buenos compañeros que sepan bien el oficio –pensaba mientras sorbía el café--, y entonces haremos cuerdas tan finas que obtendremos un contrato del Califa. Con eso se harán nuestras fortunas y la pobreza será una cosa del pasado para todos nosotros.

Esa noche, Nurudin fue tarde a su casa desde el café y durmió el sueño de aquel cuyo sueño pronto sería una realidad. Ala mañana siguiente fue a su negocio y encontró que el jarro había desaparecido.

--Mujer—gritó encolerizado--, ¿dónde está el jarro de harina que estaba en este lugar anoche?

--¿Por qué? –ella dijo--, se lo he dado a la mujer del barbero a cambio de un poco de henna para teñir mi pelo: tenía unas canas que deseaba ocultar.

--¡Mujer!—dijo él--, ¡hemos perdido una fortuna! Escondí una suma de dinero allí la que iba a hacernos ricos. ¡Ge a lo de la mujer del barbero y tráelo de vuelta!

La mujer del soguero fue a lo de la mujer del barbero pero el jarro ya había cambiado de mano.

--Lo he vendido a un viajante –dijo ella--, por una nueva mecha de lámpara que necesitaba con urgencia.

La pobre mujer volvió con su marido y le contó las novedades.

El estaba trastornado y se sentó malhumorado durante días en su negocio.

Cuando el generoso Sheik y su amigo regresaron, se sorprendieron al ver a Nurudin en las mismas pobres condiciones que la primera vez.

--Un desgraciado accidente se llevó el dinero que usted tan bondadosamente me había dado –dijo Nurudin—y les contó lo que había pasado.

No te preocupes –dijo el Sheik--, fue realmente una desgracia para ti pero aquí hay una vez más otra cantidad de la que harás buen uso y tratarás de mejorar.

--No puedo tomarla –lloró Nurudin--. Sería injusto hacerlo. ¿Cómo podría devolver el otro dinero perdido?

--Por favor, haz lo que te pido –dijo el Sheik--. Me ha sido dado dinero en esta vida para que pueda ayudar a otros, de otra manera ¿cómo sería feliz?

Por lo que Nurudin tomó el dinero y esta vez le dijo a su mujer acerca de él y lo ató en una esquina de su turbante. Escondió el turbante bajo su cama y se fue a dormir y soñar grandes riquezas toda la noche.

Bien, en la pared de la cama había un agujero y en el agujero vivía una rata. En medio de la noche la rata salió y comenzó a arrastrar el turbante hacia el agujero porque pensó que sería un buen nido para sus crías.

El turbante estaba pesado debido al oro, por lo que la rata hembra buscó a la rata macho y juntas metieron el turbante, con su preciosa carga, en su guarida.

A la mañana, el pobre cordelero se despertó y miró debajo de la cama en busca de su turbante y al no encontrarlo comenzó a gemir.

Su mujer no podía entender cuál era su problema y comenzó a llorar.

--Silencio mujer—gritó el soguero--, el oro ha sido robado de debajo de la cama mientras dormíamos. ¿Cómo se han podido agachar tan abajo, estos ladrones? ¿Qué hacemos ahora? ¡El dinero ha volado por segunda vez!

Cuando unos días después, el Sheik y su amigo fueron a ver cómo le iba yendo al soguero no pudieron creer lo que oían --¿Qué? ¿Has perdido la segunda suma de dinero también? –preguntó el hombre generoso--, pero, ¡esto es ridículo! Parecería por estas señales que Dios no quiere que tengas un negocio propio y riquezas; pienso que será mejor no ofrecerte más dinero, porque probablemente se irá con los anteriores.

Entonces llegó el turno del otro Sheik para hablar. –Yo no tengo dinero para darte –dijo--, pero he aquí un pedazo de plomo que he encontrado en la calle. Tómalo, podría ser de utilidad alguna vez, ya que es de metal.

Entonces los dos Sheikhs saludaron a Nurudin y siguieron su camino.

Nurudin llevó el pedazo de plomo a su casa, y lo puso en la repisa de la chimenea. Él estaba muy deprimido para decir nada acerca de la pérdida del dinero, por lo que se fue a la cama para tratar de olvidar sus tribulaciones durmiendo.

Mientras él se sacudía y daba vueltas en la cama, su mujer estaba cosiendo sentada hasta muy tarde al lado de la única lámpara que poseían, remendando los pantalones del cordelero.

Los niños estaban durmiendo y era cerca de medianoche cuando golpearon la puerta. –Marido, marido –dijo la mujer—hay alguien en la puerta a esta hora de la noche. Vé y mira quién es, puesto que puede ser alguien en problemas.

¿Es que no hay paz en este mundo? –dijo el soguero de mal humor, levantándose y yendo a abrir la puerta--.

Afuera estaba la mujer del pescador que vivía algunas casas más lejos.

Buen vecino, --dijo ella—mi marido está preparando la red para el trabajo de mañana y encuentra que la misma está escasa de peso. ¿Puedes, gracias a tu bondad, prestarnos un pedazo de metal de cualquier tipo para que pueda usar?

Entonces el soguero le dio el plomo que le había dado el Sheik, y ella se fue bendiciéndolo para siempre.

Al día siguiente al atardecer el pescador recogió sus redes y obtuvo una buena recolección de peces. Había tal cantidad que estuvo seguro que el pedazo de metal de plomo que le había dado Nurudin le había traído suerte.

Mujer -- dijo el pescador-- lleva este gran pescado a lo de Nurudin con mi agradecimiento de corazón y dile que Dios lo recompensará a su debido tiempo.

La mujer llevó uno de los mejores peces pescados esa mañana a lo del soguero y toda la familia llegó a admirarlo mientras éste yacía en la mesa de la cocina.

La mujer del cordelero cortó el pez para ponerlo en la olla y encontró dentro de él una piedra brillante que refulgía como si tuviera una luz adentro

Es una piedra extraña –dijo, y mirándola, decidió que se la daría a los niños para jugar.

Esa noche no había aceite en la lámpara, pero la piedra brillaba de tal manera que hacía que la habitación estuviera iluminada como si el sol brillara dentro, aun a medianoche. Y cuando el pescado estuvo cocido, estuvo tan delicioso como jamás nadie había probado.

Al otro día, una mujer estaba pasando por la casa, se detuvo y se acercó a la puerta. –Buen vecino, --dijo ella—me gustaría saber qué tipo de luz tenías en tu habitación anoche, porque mi marido y yo miramos cuando íbamos para nuestra casa y vimos una extraña incandescencia. Es extraordinario que tú tengas algo así ya que pensábamos que ustedes eran muy pobres y necesitados. ¿Dios ha cambiado tu fortuna?

Hermana –dijo el soguero, ¡Sólo en Dios está el Poder y la Gloria! Nuestro amigo el pescador nos ha dado un gran pescado de su pesca de ayer a la mañana y anoche nosotros encontramos esta piedra tan peculiar dentro del mismo. Parece quemarse por sí misma sin aceite o fuego, aunque nosotros no podamos entender la razón de ello.

Véndeme la piedra -- dijo la mujer --. Te daré todo lo que pidas. Mi hija está enferma en casa y me gustaría comprársela para entretenerla.

Mis hijos llorarán si la vendo – dijo la mujer del soguero, ellos no tienen ningún otro juguete y yo se las he dado cuando la encontré ayer por la tarde.

Te daré cincuenta piezas de oro – lloró la mujer --, mi hija se recobrará en el instante que la vea, lo sé, ¡lo hará! Vamos, dame esa condenada cosa, así podré irme a atender mis otros asuntos.

-- No – dijo la mujer del soguero, puesto que comenzó a sospechar que la piedra debía ser más valiosa de lo que ella se había dado cuenta. – No la puedo vender antes de consultar a mi marido y él está fuera en este momento. Ven mañana y te diré lo que él dice.

La otra mujer se fue muy frustrada y la mujer de Nurudin le contó a su marido todo lo que había pasado cuando éste regresó.

Debemos haber conseguido algo extraordinario para que alguien pueda ofrecer cincuenta piezas de oro de esta manera – dijo él --. Cuando vuelva la mujer dile que ¡no la venderé a ningún precio!

Como era seguro, la mujer regresó al otro día y regateó con la mujer del soguero hasta el mediodía.

Por entonces, el precio se había elevado a cien piezas de oro y la visitante no mostraba señas de irse.

El soguero se acerco a la ventana y exigió, más para sacarse a la mujer de encima que por otra cosa:

¡Mil piezas de oro, tómalo o déjalo!

Hecho, -- exclamó la mujer y llamó a un hombre que permanecía en las sombras: -- ¡Kemal, trae mil piezas de oro de mi casa y rápido, porque este es un asunto que no puede esperar!

Dentro de la media hora, el atónito soguero tenía en su mano una bolsa de oro conteniendo mil piezas y la mujer tenía la reluciente piedra.

Estaba ya por irse cuando el cordelero le preguntó – Dime, señora, ahora que has comprado la piedra, ¿por qué estabas tan ansiosa por conseguirla?

La mujer rió y dijo: -- Ahora que la he comprado te lo puedo decir, ésta es una piedra de la corona del Rey Salomón, Hijo de David (sobre él la paz), y ¡y da al que la posee el poder de obtener riquezas!

Entonces ella desapareció.

Ciertamente nos ha traído suerte – dijo la mujer del soguero mientras su marido contaba su tesoro --. Ellos pasaron todo aquel día haciendo planes para abrir un nuevo negocio.

En el término de pocas semanas Nurudin era el maestro de un nuevo establecimiento de sogas. Su mujer e hijos tenían ropas nuevas y tanta comida como podían comer. Nurudin había dado a varios sogueros tanto trabajo como podían hacer e hizo arreglos para vender su producción al palacio del Califa, a los mercaderes de Bagdad y a los vendedores del mercado. En poco tiempo se convirtió en vendedor mayorista y minorista e hizo rápidamente tanto dinero como jamás había visto en toda su vida.

Cuando tiró abajo la pared de su viejo negocio, los trabajadores encontraron el turbante que las ratas habían llevado con algunas ratitas adentro. Pero había más, el oro que el Sheik había dado a Nurudin estaba allí contante y sonante. Tan pronto como esto fue descubierto, llegó apurada la mujer de Nurudin diciendo que el viajante que vendía mechas para lámparas había traído el jarro de harina nuevamente y había devuelto el dinero que estaba oculto dentro del mismo.

¡Qué misteriosos son los designios de los caminos de Dios! – dijo Nurudin --. Una vez no tuve nada, ahora todo viene al mismo tiempo. Es casi demasiado. ¡La vida es todo o nada!

Debemos dar al vendedor de mechas una recompensa por traer el dinero de vuelta -- dijo la mujer. -- Ven, habla tu mismo con él.

Amigo – dijo Nurudin --, una vez alguien me dio una chance y me puso en el camino del éxito. Toma el oro que has devuelto tan honestamente y comienza tu mismo algún negocio, el que, si Dios lo desea, será tan próspero para ti como el mío es ahora para mí.

Nurudin -- dijo el vendedor de mechas --, has hablado bien, esa es justamente la respuesta que estaba esperando darías. Y en ese momento Nurudin vio que el vendedor de mechas no era otro que el rico Sheikh que le había dado el oro en primer término.

-- ¿Quién eres? – preguntó -- ¿Eres un ángel o un Genio?

-- No importa quién soy o qué cosa soy – dijo el Sheik con una sonrisa --. Es sufi-ciente decir que has sido probado y eres un hombre digno. Puedas ser afortunado en tu vida y testificar la Grandeza de la Sabiduría de Dios.

Diciendo esto el Sheik desapareció de la vista de Nurudin.

El cordelero vivió hasta una madura vejez y Dios le envió paz y felicidad.


Aclaración para entender mejor la historia de hoy:
Para los que no sepan el Mushkil Gusha es un grado dentro de las ordenes sufís, y el Sheik es un grado superior a este, por lo que también lo es (Disipador de las Dificultades) y antes ya ejerció ese trabajo de servicio, en este caso cada vez que se hace mención al Sheik se está nombrando y solicitando la ayuda de Mushkil Gusha

Ahora si una vez hecha esta aclaración ...
con la bendición de
como deseen llamar al Creador de Toda Vida - DIOS -de todos los Universos
 
 
y la ayuda del Mushkil Gusha, invoco que todas vuestras
Dificultades sean Disipadas en el día de hoy....
"necesítenlo mucho y deséenlo poco"

AL LEER AQUÍ, ESTE ESCRITO TUS DIFICULTADES HAN SIDO DISIPADAS VE EN PAZ

 
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